En invierno estamos expuestos a diversos factores que pueden desencadenar alergias. Para empezar, es cuando las mantas, la ropa de frío y las prendas de vestir salen de los armarios, donde han estado guardadas durante mucho tiempo. Estos artículos transportan grandes cantidades de polvo y ácaros, que empeoran las alergias respiratorias4.
Y con los fríos de fuera, acabamos pasando más tiempo dentro de casa con las ventanas cerradas. Esto significa que los alérgenos (sustancias que pueden inducir reacciones alérgicas3) también permanecen en el interior, lo que hace más difícil saber cómo mejorar la rinitis con frío.
Como no hay ventilación, este aire - lleno de desencadenantes de la rinitis alérgica - se respira todo el tiempo1. En otras palabras, se empieza a vivir literalmente con el enemigo.
Y la cosa no acaba ahí: el tiempo seco y la baja humedad típicos del invierno contribuyen a la elevada concentración de contaminantes en la atmósfera. También se reducen los mecanismos de defensa del organismo, lo que contribuye a la aparición de enfermedades respiratorias como la rinitis5.
Otro punto es que el propio aire frío también irrita las vías respiratorias, lo que provoca más síntomas alérgicos, como secreción nasal y dificultad para respirar5.